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La Historia detrás de las Alturas Un disco célebre en Machu picchu

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La Historia detrás de las Alturas Un disco célebre en Machu picchu: En setiembre de 1981, el grupo chileno Los Jaivas llegó desde Europa para grabar Alturas de Machu Picchu, su trabajo más reconocido, en la mismísima ciudadela inca de tours machu picchu.

LOS JAIVAS EN TOURS MACHU PICCHU. El grupo recuerda que cuando grabó el disco tenían permiso para trabajar en las horas en que no había turistas.

Besa conmigo las piedras secretas. La plata torrencial del Urubamba hace volar el polen a su copa amarilla. “Sube conmigo, amor americano”, Pablo Neruda

Un piano blanco apareció por los cielos azulinos desafiando a los apus, cimbreándose entre los cerros verdes que surca el Urubamba, ante el estupor de los arqueólogos y la sorpresa de los vecinos. El helicóptero posó el Steinway alquilado sobre una explanada de Machu Picchu y de ahí, sigilosos hombros lo fueron trasladando, durante esos días de setiembre de 1981, por distintos puntos de la ciudadela inca, a donde era requerido por el equipo técnico que a lo largo de una semana (inacabable para los guardianes de Machu Picchu y muy creativa para Los Jaivas) la recorrían en horas que no había turistas para grabar un especial televisivo.

Al inicio eran enemigos y el lío trascendió a las páginas de los diarios, como cuenta el conjunto chileno al periodista Freddy Stock en el libro Los caminos que se abren. La vida mágica de Los Jaivas (2002). Finalmente, arqueólogos y músicos hicieron las paces.

¿Pero de dónde salió esta loca idea de recrear musicalmente los versos de Pablo Neruda y cantarlos exprofesamente desde el propio tours Machu Picchu, la cima de la cultura inca? Desde Santiago de Chile, Mario Mutis, uno de los fundadores de Los Jaivas, recuerda ese día de diciembre de 1980, cuando en la casa del grupo en Les Glycines, París, Francia, apareció el productor peruano Daniel Camino Diez Canseco con la idea loca de hacer una “cantata latinoamericana” con los poemas de Pablo Neruda de “Alturas de Machu Picchu”, una de las quince secciones incluidas en el libro Canto General (1950). En el proyecto les dijo que también participarían Chabuca Granda y Mercedes Sosa, y el presentador sería nada menos que el escritor Mario Vargas Llosa. “Daniel propuso que Vargas Llosa y nosotros aceptamos de inmediato porque ya Entonces hacía un trabajo muy importante en la literatura latinoamericana y conocía en profundidad el trabajo de Neruda”, recuerda Mutis. Camino les dijo que tenía nexos con el presidente Fernando Belaunde y con el ministro del Interior peruano y garantizaba las facilidades respectivas. A Los Jaivas la idea los impresionó, pero lo tomaron como un proyecto más. Tres meses después los llamó Camino, desde Lima, para preguntar cómo iba la musicalización y se enojó al saber que no habían hecho nada. Recién en ese momento se pusieron a trabajar, se dieron cuenta de que la cosa iba en serio. Los Jaivas no había leído Canto General y luego de pesquisas con amigos por diversas ciudades de Europa finalmente dieron con un ejemplar. Le sacaron fotocopias para cada uno de los integrantes y mientras seguían con su gira europea empezaron a elucubrar cómo musicalizar los versos del poeta de Isla Negra. Solo con las fotocopias y una gran imagen de Machu Picchu como toda inspiración empezaron a darle vida a las canciones.

Registraron primero “Águila sideral” y “Sube a nacer conmigo hermano” y las enviaron a Argentina, Chile y Perú, para ver cómo reaccionaba el público. Ni Chabuca ni Mercedes Sosa participarían, pero Camino dijo que solo ellos harían el especial. Y entre junio y julio de ese año, el quinteto registró lo restante del disco en los estudios Pathé- Marconi de la Ciudad Luz para el playback en el ombligo del mundo. Lo anecdótico es que el “Gato” Alquinta, guitarrista y vocalista de Jaivas, justo el día que tenía que registrar su voz para terminar el disco tuvo una afonía. Tuvieron que recurrir a una inyección de azufre para que le componga la voz por dos horas y poder terminar el álbum.

Con el disco bajo el brazo, Los Jaivas retornaban a América Latina luego de cinco años de ausencia. Antes de encontrarse con tours a Machu Picchu, primero hicieron una serie de presentaciones en Argentina y Chile. De Iquique se fueron directo a Tacna, donde dos pesados aviones de la FAP los esperaban a ellos y sus toneladas de equipaje. Era la primera semana de setiembre de 1981. Les tocaría, finalmente, corroborar si la cantata que habían hecho captaba la energía de ese Machu Picchu de carne y hueso. Ver si ese disco que con los años sería considerado por los críticos entre los mejores 20 discos de “folclor progresivo” del mundo era piedra sobre piedra, mejor dicho.

Lo primero que Mario Mutis hizo al viajar a Machu Picchu fue subirse a lo más alto que pudo de la ciudadela inca y escuchar el disco que acababan de registrar y, emocionado, sintió la conexión entre música, versos nerudianos y monumento arqueológico inspirador. Alturas de Machu Picchu son siete canciones que sintetizan versos del famoso poemario. Se incluyeron dos canciones pendientes, que se adaptan al espíritu del álbum, “Del aire al aire”, de Alberto Ledo, músico entonces ya desligado al grupo, y “Antigua América”. Les sumaron “Amor americano”, inspirada en la cadencia del huaylarsh del valle del Mantaro; y “La poderosa muerte”, de más de 11 minutos, uno de los mejores segmentos del disco, que recogía diversos pasajes de los poemas nerudianos donde la parca y la destrucción eran los temas recurrentes. “Sube a nacer conmigo hermano” tiene alma de joropo venezolano.

Si bien con Vargas Llosa no coincidieron los días de grabación en la ciudadela inca, solo un par de meses antes de iniciar la aventura se vieron en un café de París para intercambiar ideas sobre el proyecto. Este año, el hoy Nobel de Literatura llegó a Santiago de Chile y Los Jaivas se le acercaron para entregarle una invitación del alcalde del Cusco. Vargas Llosa se disculpó de participar en los festejos porque ya tiene compromisos pactados de antemano. Sin embargo, les ha prometido ir al concierto que ofrecerán a fines de año en Berlín, como parte de la gira mundial que realizan por los 30 años del disco, que coinciden con los 100 del descubrimiento de Machu Picchu y los 60 del Canto General de Neruda.

El quinteto y el equipo de producción (integrado por Televisión Nacional del Perú y Canal 13 de la Universidad Católica de Chile) tenían permiso para grabar en las horas en que no había turistas, del amanecer hasta cerca del mediodía y después de las cinco de la tarde. Se hospedaban en el hotel pegado a la ciudadela y aprovecharon los entretiempos para tomarse muchos pisco sours. Los Jaivas tienen en recuerdo de su epopeya musical un Machu Picchu distinto al actual. Entonces se llamaba las ruinas de Machu Picchu y no ciudadela inca ni santuario. Machu Picchu ni Aguas Calientes contaban con la infraestructura que ostentan hoy en día. Como los días de grabación se alargaron en la ciudadela, tuvieron que dejar el hotel en Machu Picchu y mudarse a Aguas Calientes, “que tampoco era lo que es hoy: no había ningún hotel ni baños, solo había galpones en ambos lados de la línea del tren, ahí nos acomodamos con nuestros sacos de dormir”, recuerda Mutis, para quien es todo un honor participar, el 7 de julio, en la ceremonia conmemoracional del centenario del descubrimiento. Y luego, como hace 30 años, al día siguiente volverán a tocar en el atrio de la catedral del Cusco. “Va a ser una gran fiesta de la fraternidad. Será un día de conmemoración.

Nosotros siempre tomamos con mucho cariño y respeto todo lo que venga con identidad. El Perú siempre ha estado muy insertado dentro de nuestra música, todo lo que es su cultura ha sido siempre fuente de inspiración”. En esta ocasión, ya no vendrá el grupo con Eduardo “Gato” Mejía, que partió a cantarle a San Pedro en 2003. Ahora son siete músicos: estarán Mario Mutis, Claudio Parra. Al “Gato” lo reemplazará su hijo Ankatu en la guitarra eléctrica. Para las presentaciones en el Perú ha vuelto el pianista Eduardo Parra, a quien los 60 años le han pasado la factura de cientos de conciertos y giras. Para él, tocar en Machu Picchu luego de 30 años será algo único. Tampoco estará Gabriel Parra, quien falleció en los años ochenta en un accidente de tránsito en Nasca, justamente, cuando buscaba una locación para un futuro video del grupo. Pero Juanita, su hija, lo reemplaza. Será una cantata mágica y transgeneracional.

Ese 1981, al dejar Cusco, hicieron algunas presentaciones en Lima y luego en Argentina. Un año después, el especial televisivo aparecía en Europa con muy buenos comentarios, además de Chile, Argentina y el Perú. Con los años, Alturas de Machu Picchu hizo su propia trayectoria, ganó muchos premios, logró récords de ventas y continúa presente en los catálogos de música. La siguiente meta de Los Jaivas es llegar a 2013 para cantar a esta América de todos celebrando los 40 años del grupo.