Peru Machupicchu

Peru Machupicchu: La majestuosa ciudad inca Machupicchu fue abandonada por sus habitantes y permaneció oculta cuatro siglos hasta que un norteamericano la encontró,por casualidad,en 1911.

Con todos los libros y artículos que se han escrito sobre Machu Picchu se podría construir otro. Sin embargo, pocos son los que realmente ofrecen datos prácticos para que la complicada estancia en la ciudad perdida de los incas se convierta en algo placentero, más allá del simple testimonio que ofrece la presencia. Machu Picchu se encuentra a 2.345 metros de altura y a no menos de 150 euros de la ciudad más cercana al asentamiento del que se accede. Es decir, está, literalmente, por las nubes. Entre el tren, el alojamiento, el autobús, la entrada, los precios de algo tan sencillo como una botella de agua y un sinfín de parámetros y normas de acceso, siempre hay un momento en que el viajero piensa si realmente la cosa merecerá la pena o habría sido mejor irse de vacaciones al pueblo de los suegros. Pero vaya si lo merece.

Nada más entrar, una vez te sitúas en el mirador de la Caseta del Guardián, en mitad de un abrupto paraje andino rodeado de nieves eternas y barrancos de infarto, mientras admiras el amanecer sobre la prototípica vista del lugar, Machu Picchu tiene un efecto irreal, hipnótico, como si estuvieras drogado. Aunque entre el mal de altura y los litros de mate de coca que hay que beber para combatirlo, lo mismo lo estás. Eso por no hablar del madrugón… Los primeros autobuses que salen de Aguas Calientes, el asentamiento de acceso, hacia el complejo lo hacen a las cinco de la mañana. Aquí es cuando el verbo madrugar adquiere tintes épicos, sobre todo porque es recomendable llegar media hora antes. Y es que, por muy temprano que te despiertes, siempre hay hordas de alemanes o japoneses que ya están haciendo cola. Pero si quieres ser de los primeros en entrar y ver Machu Picchu sin un alma, no queda otra.

Mientras gastas 300 megas de la memoria de tu cámara disparando a troche y moche, la primera recomendación es cruzar el campo central para recoger el boleto de subida al Huayna Picchu, un segundo yacimiento que corona la montaña que lo preside todo. Hay dos turnos y es preferible apuntarse al segundo porque así se pueden visitar primero las ruinas principales y luego, cuando el sol esté intratable, refugiarse en una escalada matadora pero a la sombra de la tupida vegetación.

La Historia es la memoria del desacuerdo humano y esto también va por Machu Picchu. Los incas decidieron el emplazamiento de la ciudad, a las puertas de la selva amazónica, que planeaban lanzarse a conquistar. Empresa que no pudieron llevar a cabo porque, justo entonces, fueron ellos conquistados por las tropas de Francisco Pizarro. Los españoles raptaron al emperador Atahualpa y aprovecharon una guerra civil inca para malmeter y apropiarse rápidamente de todo el Tahuantinsuyu (palabra quechua para denominar a su imperio). Posteriormente, y tras la ejecución de Atahualpa, Pizarro colocó en el trono a Manco Cápac II por aquello de guardar las apariencias. Pero Manco se dio cuenta en seguida de que sólo era un hombre de paja y escapó a la ciudad de Villabamba haciendo un llamamiento a la resistencia. Los habitantes de Machu Picchu abandonaron el lugar y siguieron a su líder, no sin antes destruir los caminos. Es por eso que los españoles nunca supieron de la existencia de la ciudad y esta permaneció oculta 400 años hasta que, en 1911, un rubicundo y espigado norteamericano llamado Hiram Bingham dio con las ruinas por casualidad. Lo que realmente buscaba Bingham era Villabamba, pero un campesino le indicó que él conocía unas ruinas donde encontraron a dos familias que se habían refugiado allí huyendo del fisco peruano. Al preguntarles cómo se llamaba aquel lugar, respondieron Machu Picchu, esto es: Montaña vieja.

Nadie sabe cómo se llamó realmente esta urbe en la que vivían unos 1.000 habitantes que se conectaban con la capital, Cuzco, mediante varias sendas que hoy en día siguen practicables, como el camino del inca. Esta trocha entre los Andes se ha convertido en una vía de acceso alternativa a los trenes, mucho más natural y barata. Eso sí, son cuatro días de caminata a través de bosque tropical y, por las picaduras que uno observa en los mochileros, no debe haber mucha diferencia entre un mosquito y un cóndor.

Las ruinas se recorren más fácilmente contratando los servicios de un guía, porque saben cómo evitar las aglomeraciones de visitantes y porque, después de lo desembolsado, no es ni el momento ni el lugar de ponerse tacaños. La mía se llama Lisette y es una chica alargada y delgadita. La mujer andina es pequeña debido a la altura, porque con un cuerpo menudo se necesita menos oxígeno –explica ella misma– . Por eso también han desarrollado una caja torácica más grande. Y luego está lo de las piernas: la llama da muy buena lana pero es un animal que no puede con más de 40 kilos, así que el resto de la carga lo acarrean los indígenas y esto, durante generaciones, les ha arqueado las piernas. De hecho, para diferenciar si una iglesia colonial era para indígenas o para españoles, sólo hay que fijarse en el crucificado: si tiene las piernas arqueadas, entonces eran quechuas.

– ¿Había segregación en las iglesias? No era una cuestión racial, sino de idioma y de conceptos. En quechua no existe la palabra espíritu porque para ellos existían tres mundos y ninguno era espiritual. Por eso las prédicas de los sacerdotes quechuas necesitaban de explicaciones distintas. Tampoco existen los conceptos de bien y mal, ni el de traición. Esos los trajeron ustedes y bien que nos enseñaron el significado… Y se ríe. Y yo también me río, pero por no llorar. Recorriendo las ruinas de la cuidad perdida de los incas, y poniéndome perdido de protector solar, Lisette me cuenta que el señor Hiram Bingham se equivocó en casi todas las suposiciones que hizo acerca de los hallazgos arqueológicos. Por ejemplo, lo que se conoce como el Templo del Sol y que él pensó que era una cárcel, era en realidad un templo en honor al cóndor, que es el animal que conecta esta con la otra vida.

– Por eso los incas depositaron ahí 164 momias que Mister Bingham encontró y se llevó a la Universidad de Yale, y que ahora no quieren devolvernos. – ¿Momias? – Sí, en su mayor parte femeninas. Eran de las ñustas o vírgenes: mujeres que estaban casadas con el Sol. Como unas monjas custodiadas día y noche que, si cometían un desliz, eran drogadas y se las enterraba vivas y boca abajo. Sabemos que las enterraban vivas porque al descubrir sus restos los brazos están como haciendo fuerza para intentar salir. – ¿Pero no las drogaban? – Sí, pero cuando se pasaba el efecto… Bueno, ya hemos llegado – dice Lisette mientras me señala una entrada en un muro de piedra–. Por ahí se va al Huayna Picchu… – ¿Tú no vienes? –le pregunto mientras inicio la subida. Mala señal. Cuando la guía decide no acompañarte en una ascensión es una mala señal. Los incas tenías muchas cosas buenas: la justicia social, la organización del Estado, la investigación agrícola, la astronomía, la cerámica… Ahora bien, haciendo escaleras eran malísimos. La empinada ascensión al Huayna Picchu a través de escalones casi verticales, que a veces están cincelados en la roca y a veces, sencillamente, no están, es una difícil excursión de una hora en la que uno pasa por todos los estados de agotamiento conocidos. Pero si es verdad que al morir nuestra vida pasa en imágenes, estoy convencido que en ese momento volveré a ver la imagen de Machu Picchu desde lo alto del Huayna Picchu. Sobre todo porque no pienso volver a subir en mi vida. La próxima vez que visite este lugar y alguien me conmine a hacerlo, recordaré a Lisette y responderé: «No, no: yo ya estuve allí una vez».

  • De arriba abajo y de izq. a dcha.: La selva donde se encuentra el enclave ofrece una gran riqueza floral. Angosto y resbaladizo camino que sube al Huayna Picchu. Vista del Huayna Picchu al amanecer desde el Templo del Sol. Detalle del enclave.
  • Paseo entre las nubes: Machu Picchu, la ciudad perdida de los incas, recuperada ya tras las inundaciones, vuelve a demostrar por qué es una de las Maravillas del Mundo.Ylo hace como las grandes estrellas, por todo lo alto.
  • De arriba abajo y de izq. a dcha.: Vista de Machu Picchu desde la cima del Huayna Picchu. El enclave y el río Vilcanota-Urubamba. Mágico amanecer con el Huayna Picchu al fondo. Los veloces colibrís revolotean entre las flores. Construcción en terrazas.

DÓNDE, MACHU PICCHU CÓMO, CUÁNDO… PREPARE SU VIAJE:

CÓMO LLEGAR A PERU:

Las líneas aéreas Lan (www.lan.com) ofrecen vuelos con variedad de horarios y trayectos internos. Además, han renovado las clases turista y business con más comodidades. Por ejemplo, en Business el asiento es reclinable 180º, es decir, se vuela como en la cama. Y los operadores turísticos Peru – Cusco, con sede en Cusco, organiza viajes a medida. (www.toursperumachupicchu.com).

CUÁNDO IR A PERU – MACHUPICCHU:

De junio a octubre son los meses mas recomendables, pero todo el año visitan machu picchu.

FIESTAS Y CELEBRACIONES EN CUSCO:

El Inti Raymi o Fiesta del Sol, el 24 de junio, la ceremonia principal de la época incaica.

MÁS INFORMACIÓN PARA VIAJAR A PERU:

www.peru.info; www.toursperumachupicchu.com; www.machupicchutravelperu.net, www.inkajungletreks.com Una vez allí en Peru – Machu Picchu:

QUÉ TRAER EN LA MALETA (O QUÉ COMPRAR) EN SUS VIAJES EN PERU:

Artesanía andina, sobre todo, telas.

QUÉ COMER Y BEBER EN SUS VIAJES EN PERU:

Ceviche, alguna de las 3.000 variedades de patata, el cóctel pisco sour, y la chicha, una rica bebida de color morado, el chiriuchu, el chicharron, etc.

LUGARES PARA COMER EN PERU:

Tanto Cusco como Aguas Calientes (MachuPicchu pueblo), tienen un extenso catálogo de restaurantes de todo tipo de precios. En Cusco es muy recomendable El Tumi (Portal de Belén, 115. Plaza de Armas), y en Aguas Calientes hay que visitar los alrededores de la Plaza de Armas, repletos de restaurantes.

PARA DORMIR EN PERU:

Hoteles o hostels de 3, 4 o 5 estrellas en Cusco, Aguas Calientes (MachuPicchu pueblo) todo un lujo.

Datos de interés para sus viajes a Peru:

ENTORNO Y MEDIO AMBIENTE EN PERU: Perú es uno de los lugares donde más orquídeas existen. La típica de Machu Picchu sólo crece allí y se llamaWiñayWayna (eternamente joven). NUNCA DEBES… Entrar al recinto sin haber visitado los servicios. Dentro no hay, todo está muy vigilado y como te entren ganas en lo alto del Huayna Picchu… LECTURAS RECOMENDADAS SOBRE EL PERU: La ciudad perdida de los Incas, de Hiram Bingham.

Ubicación: Cusco Año de creación: 1981 Área: 32,592 ha. Ecoregión: Yungas Peruanas, Puna húmeda de los Andes centrales Hábitats: Bosque húmedo subtropical, Bosque húmedo- Montano Bajo Subtropical, Bosque muy húmedo-Montano Bajo Subtropical, Bosque pluvial- Montano Subtropical, Bosque muy húmedo-Montano Subtropical, Páramo muy húmedó-Subalpino Subtropical, Páramo pluvial-Subalpino Subtropical, Tundra pluvial-Alpina Subtropical, Nival Subtropical.

El Santuario Histórico de Machupicchu es un área protegida de renombre internacional, muy conocido por la presencia de impresionantes complejos arqueológicos Inca, sitios y monumentos arqueológicos de alto valor histórico-cultural. Sin embargo, el santuario presenta un importante valor ambiental, con áreas boscosas, montañas escarpadas y picos nevados. Es una zona de interacción entre el dominio andino y el amazónico, parte de una estrecha faja de transición entre ambos ecosistemas. Predomina el terreno de relieve abrupto y de laderas escarpadas.

Biodiversidad De Machupicchu:

En el santuario existen remanentes de vegetación nativa propia del área montañosa. El valor de la diversidad biológica en términos de especies nativas, bancos genéticos y ecosistemas es extremadamente alto y de conservación prioritaria. La flora silvestre de esta región es particularmente diversa, comprende especies de 9 zonas de vida distintas, incluyendo especies típicas de los bosques andinos en las partes altas, hasta epífitas, arbustos y palmas típicas de los bosques montanos a menores altitudes. Las formaciones vegetales presentes en el santuario son componentes fundamentales de ecosistemas únicos. El área protegida alberga importante fauna amenazada como el oso de anteojos, el gallito de las rocas, la taruca.

Amenazas al Santuario de Machu Picchu:

Las amenazas al Santuario Histórico de Machupicchu incluyen: Sobrecarga de turismo, ausencia de EIA y PAMAS; líneas de transmisión de energía, generación de desechos sólidos, quemas e incendios forestales, agricultura y ganadería no sostenible, deslizamientos, extracción de materiales como piedra para artesanía, arena, plantas exóticas introducidas, saneamiento físico y legal de terrenos ocupados incompleta, multiplicidad de actores y complicado sistema de gestión, falta de estudios alternativos para la carretera Machupicchu Pueblo – ciudadela Inca de Machupicchu.

Santuario Histórico de Machupicchu:

El Santuario Histórico de Machupicchu abarca una superficie de 32,592 hectáreas ubicadas en el distrito de Machupicchu, Provincia de Urubamba, Departamento del Cusco, entre los 13º 10´ 19” y 13º 14´ 00” de latitud sur, y los 72° 30’ 5” y 72° 36’ 33” de longitud oeste. Machupicchu, declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, presenta numerosas características que justifican tal designación, ya que se encuentra en una posición geográfica privilegiada, considerada como una zona de interacción entre el dominio andino y el amazónico. Se encuentra resguardado por las cadenas de nevados del Salkantay al sur y La Verónica al norte que propician la existencia de un medio ambiente especial y único.

Dentro del Santuario Histórico de Machupicchu, además de la ciudadela de Machupicchu, se sitúan numerosos sitios y monumentos arqueológicos de alto valor histórico-cultural y de renombre mundial, como Inca Raq’ay, lntiwatana, Intipata, Choquesuysuy, Chachabamba, Wiñaywayna, Phuyupatamarca, Sayacmarka, Runkurraq’ay, Wayllabamba, Torontoy, Waynaq’ente, Machuqente, Q’ente, Qoriwayrachiwa, Pulpituyoc, Patallacta y Palccay. Estos sitios y monumentos están asociados a complejos y sorprendentes sistemas de riego y de andenerías para cultivos y a caminos que los entrelazan, todo lo cual expresa el alto grado de desarrollo de los antiguos peruanos.